Que no muera la aspidistra
Que no muera la aspidistra Gordon iba cumpliendo años. Veintisiete, veintiocho, veintinueve. Había alcanzado una edad en la que el futuro deja de ser un halagüeño horizonte borroso para convertirse en un presente amenazador. El espectáculo de los parientes que le quedaban le deprimía cada vez más. A medida que se hacía mayor, se sentía más afín a ellos. ¡Qué destino le aguardaba! Unos cuantos años más y sería exactamente como ellos. Incluso Julia, a la que veía con más frecuencia que a sus tíos, provocaba en él la misma reacción. Pese a que en numerosas ocasiones se había propuesto no aceptar más dinero de Julia, el caso es que seguía haciéndolo. El cabello de Julia encanecía muy deprisa y marcadas arrugas le surcaban las enjutas mejillas coloradas. Había organizado su vida en torno a una rutina que no le disgustaba. Tenía su trabajo en el salón de té, sus «remiendos» por las noches en la habitación de Earl’s Court (un segundo piso interior, sin amueblar, por nueve chelines semanales) y sus esporádicas reuniones con amigas solteronas tan solas como ella. Llevaba la típica vida anodina de una solterona sin dinero. Y ella la aceptó, sin plantearse siquiera que su destino podía haber sido muy diferente. Con todo, sufría más por Gordon que por sí misma. En su mente, la decadencia paulatina de la familia, y la forma en la que todos se morían sin dejar nada tras ellos, constituían una tragedia. ¡Dinero, dinero! «Parece que nadie de nuestra familia sea capaz de enriquecerse», se lamentaba de continuo. De todos ellos, solo Gordon había tenido la oportunidad de enriquecerse, pero la había desaprovechado. Y ahora se hundía sin remedio, como los demás, en los abismos de la pobreza. Tras la primera disputa, Julia tuvo la dignidad suficiente para no recriminarle por segunda vez el haber despreciado el trabajo de la New Albion. Pero los motivos de Gordon se le antojaban totalmente absurdos. A su manera, silenciosa y femenina, estaba convencida de que el pecado contra el dinero era el más abominable de todos.