Que no muera la aspidistra
Que no muera la aspidistra Y solo entonces, con dos libras a la semana y tras cerrar prácticamente todas las puertas a un mejor salario, Gordon comprendió la verdadera naturaleza de la batalla que había emprendido. Lo peor de todo era lo poco que duró el resplandor de la renuncia, pues la vida con dos libras a la semana deja de ser una gesta heroica para convertirse en una rutina sórdida. El fracaso es un fraude de magnitudes similares a las del éxito. Había desperdiciado un «buen» trabajo y renunciado para siempre a los «buenos» empleos venideros. Había sido un paso necesario, y no pensaba retroceder. Pero era inútil engañarse con la falacia de que, puesto que se trataba de una pobreza autoimpuesta, no sufriría las penalidades que acarreaba. No era una cuestión de privaciones, pues con dos libras semanales no se sufren auténticas privaciones físicas, y en caso de que así fuera, tampoco importaría demasiado. El problema radicaba en el daño que la falta de dinero inflige a la mente y al alma. La muerte intelectual y el deterioro espiritual se abaten sobre uno cuando los ingresos descienden por debajo de un nivel determinado. Fe, esperanza y dinero… Solo un santo puede tener las dos primeras sin necesitar el tercero.