Que no muera la aspidistra
Que no muera la aspidistra Aunque hablase las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tuviese dinero, soy como campana que tañe o címbalo que vibra. Aunque tuviese el don de la profecía y conociese todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviese tanta fe que pudiese mover las montañas, si no tengo dinero, nada soy. Aunque distribuyese todos mis bienes entre los pobres, y entregase mi cuerpo a las llamas para que lo consumiesen, si no tengo dinero, nada me aprovecha. El dinero es paciente, es servicial; el dinero no es envidioso, no es jactancioso, no es insolente; es decoroso; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra con la injusticia, se alegra con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta… Ahora, subsisten la fe, la esperanza y el dinero; pero el más importante de los tres es el dinero.
Primera epístola a los corintios, 13 (adaptada)
