Rebelión en la granja
Rebelión en la granja Durante todo el verano, el trabajo en la granja anduvo como sobre ruedas. Los animales eran felices como jamás habÃan imaginado que podrÃan serlo. Cada bocado de comida resultaba un exquisito manjar, ya que era realmente su propia comida, producida por ellos y para ellos y no repartida en pequeñas porciones y de mala gana por un amo gruñón. Como ya no estaban los inútiles y parasitarios seres humanos, habÃa más comida para todos. Se tenÃan más horas libres también, a pesar de la inexperiencia de los animales. Claro está que se encontraron con muchas dificultades, por ejemplo: cuando cosecharon el maÃz, tuvieron que pisarlo al estilo antiguo y eliminar los desperdicios soplando, pues la granja no tenÃa desgranadora, pero los cerdos con su inteligencia y Boxer con sus poderosos músculos los sacaban siempre de apuros. Todos admiraban a Boxer. HabÃa sido un gran trabajador aun en el tiempo de Jones, pero ahora más bien semejaba tres caballos que uno; en determinados dÃas parecÃa que todo el trabajo descansaba sobre sus forzudos hombros. Tiraba y arrastraba de la mañana a la noche y siempre donde el trabajo era más duro. HabÃa acordado con un gallo que, éste, lo despertara media hora antes que a los demás, y efectuaba algún trabajo voluntario donde hacÃa más falta, antes de empezar la tarea normal de todos los dÃas. Su respuesta para cada problema, para cada contratiempo, era: « ¡Trabajaré más fuerte! »; era como un estribillo personal.