Rebelión en la granja
Rebelión en la granja Al final, presintiendo que tal vez sería un sucedáneo para las palabras que ella no podía encontrar, empezó a cantar «Bestias de Inglaterra». Los demás animales a su alrededor la imitaron y la cantaron tres veces, melodiosamente, aunque de forma lenta y fúnebre como nunca lo hicieran.
Apenas habían terminado de repetirla por tercera vez cuando se acercó Squealer, acompañado de dos perros, con el aire de quien tiene algo importante que decir. Anunció que por un decreto especial del camarada Napoleón se había abolido el canto de «Bestias de Inglaterra». Desde ese momento quedaba prohibido cantar dicha canción.
Los animales quedaron asombrados. —¿Por qué? —gritó Muriel.
—Ya no hace falta, camarada —dijo Squealer secamente—. «Bestias de Inglaterra» fue el canto de la Rebelión. Pero la Rebelión ya ha terminado. La ejecución de los traidores, esta tarde, fue el acto final. El enemigo, tanto exterior como interior, ha sido vencido. En «Bestias de Inglaterra» nosotros expresamos nuestras ansias por una sociedad mejor en el futuro. Pero esa sociedad ya ha sido establecida. Realmente esta canción ya no tiene objeto.