Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres Pero era ya era demasiado tarde. La enfermera habÃa reconocido a Yvonne y venÃa muy sonriente directa hacia nosotros. Era una mujer gruesa con unos quevedos de oro y unas mejillas sonrosadas como una manzana. La tÃpica mujer maternal y entrometida.
»—¿Te encuentras bien, ma petite? —preguntó muy amable—. ¿Y el bebé? ¿Fue un niño como querÃas?
»Yvonne habÃa empezado a temblar tanto que tuve que sujetarla del brazo.
»—No —dijo por fin.
»—¡Ah!, entonces, évidemment, fue una niña.
»En ese momento, la estúpida de Yvonne perdió la cabeza por completo.
»—No —volvió a decir.
»La enfermera se quedó desconcertada.
»—Comment! —exclamó—, ¡ni niño ni niña! ¿Cómo es posible?
»ImagÃnense, messieurs et dames, qué situación tan delicada. Yvonne se habÃa puesto del color de una remolacha y parecÃa a punto de estallar en lágrimas; un segundo más y lo habrÃa confesado todo. Dios sabe qué habrÃa sucedido. Pero conservé la cabeza frÃa, intervine y la ayudé a salir del paso.
»—Fueron gemelos —expliqué con calma.