Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres »—¿Y qué más da? —dije—. Eso se arregla enseguida. Lo único que necesitamos son uno o dos cojines. Es una inspiración del cielo, ma chère. No la desperdicies.
»En fin, al final la convencÃ, cogimos prestado un cojÃn, la preparé y la llevé al hospital de maternidad. La acogieron con los brazos abiertos. Le dieron sopa de col, ragú de ternera, puré de patatas, pan y queso y cerveza, y un montón de consejos sobre cómo cuidar del bebé. Yvonne se atiborró hasta que estuvo a punto de reventar, e incluso se las arregló para meterse un poco de pan y queso en el bolsillo para mÃ. La llevé allà a diario hasta que volvà a tener dinero. Mi inteligencia nos habÃa salvado.
»Todo fue bien hasta un año después. VolvÃa a estar con Yvonne y un dÃa fuimos a pasear por el Boulevard Port Royal, cerca de los cuarteles. De pronto, Yvonne se quedó boquiabierta y se puso primero roja, luego pálida y después otra vez roja.
»—Mon Dieu! —exclamó—, mira quién viene ahÃ. Es la enfermera que estaba a cargo del hospital de maternidad. ¡Estoy perdida!
»—¡Deprisa! —la apremié—, ¡corre!