Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres Descubres lo precarios que son tus seis francos diarios. Ocurren mezquinos desastres que te dejan sin comer. Te has gastado los últimos ochenta céntimos en medio litro de leche, y la estás calentando en un infiernillo de alcohol. Una chinche te trepa por el antebrazo; le das un golpe con la uña y cae, ¡chof!, justo en la leche. No tienes más remedio que tirarla y quedarte sin comer.
Vas a la panaderÃa a comprar una libra de pan, y esperas mientras la chica corta una libra para otro cliente. Es torpe, y corta más de la cuenta. «Pardon, monsieur —se excusa—, no le importará pagar dos sous de más, ¿verdad?». La libra de pan cuesta un franco, y solo tienes uno. Cuando piensas que podrÃa hacerte pagar dos sous de más y que tendrÃas que confesar que no puedes permitÃrtelo, te recorre un escalofrÃo de pánico. Pasan horas antes de que vuelvas a aventurarte en una panaderÃa.
Vas a la verdulerÃa a gastar un franco en un kilo de patatas, pero una de las monedas es belga y el tendero la rechaza. Sales avergonzado de la tienda y no vuelves a poner los pies allÃ.