Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres Los organilleros, como los acróbatas, se consideran más artistas que mendigos. Un organillero llamado Shorty, que era amigo de Bozo, me habló de su oficio. Su compañero y él se «trabajaban» los cafés y las tabernas de las cercanías de Whitechapel y Commercial Road. Es un error pensar que los organilleros se ganan la vida en la calle; nueve décimas partes de sus ganancias las obtienen en los cafés y en las tabernas, aunque solo en las baratas, porque en las de más tono no tienen permitida la entrada. El método de Shorty era plantarse a la puerta de una taberna e interpretar una tonada, después de lo cual su compañero, que tenía una pata de palo y sabía inspirar lástima, entraba a pasar el sombrero. Shorty siempre tocaba otra melodía después de recibir alguna limosna, como una especie de bis; pues la idea era que se trataba de un auténtico artista y no que le hubiesen pagado para que se largase. Su compañero y él sacaban entre dos o tres libras a la semana entre los dos, pero, como tenían que pagar quince chelines semanales por el alquiler del organillo, las ganancias se quedaban en una libra semanal. Estaban en la calle de ocho de la mañana a diez de la noche, y los sábados hasta más tarde.