Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres «Mi mujer y mis hijos estaban muertos de hambre. Una noche regresé a casa con un montón de esbozos que había llevado a los marchantes, preguntándome cómo diablos podría conseguir un chelín o dos. Entonces vi en el Strand a un tipo arrodillado en el suelo dibujando y la gente le echaba peniques. Cuando pasé a su lado, se levantó y entró en una taberna. “Demonios —pensé—, si él puede ganar dinero así, yo también”. Y, en un impulso, me arrodillé y empecé a dibujar con sus tizas. Sabe Dios por qué se me ocurriría, debía de estar medio aturdido por el hambre. Lo raro es que nunca había utilizado pasteles. Tuve que aprender la técnica sobre la marcha. Pues bien, la gente empezó a pararse y a decir que mis dibujos no estaban mal y entre todos me dieron nueve peniques. En ese momento, el otro tipo salió de la taberna. “¿Qué… haces en mi sitio?”, me espetó. Le expliqué que estaba muerto de hambre y que tenía que ganar algo. “Ah —respondió—. Entra a beber una pinta”. Así que tomamos una pinta y desde ese día me dedico a pintar en las aceras. Gano una libra a la semana. Con eso es imposible mantener a seis hijos, pero, por suerte, mi mujer gana un poco de dinero cosiendo.