Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres Los vagabundos empezaron a hablar de historia y un viejo afirmó que la «ley del primer mordisco» era un vestigio de la época en que los nobles cazaban personas en lugar de ciervos. Algunos se burlaron de él, pero no hubo manera de convencerle de lo contrario. Había oído hablar también de las leyes del cereal y del derecho de pernada (creía que había existido de verdad); y de la Gran Rebelión, que, según él, había sido una revuelta de los pobres contra los ricos, tal vez la confundiera con los motines campesinos. Dudo mucho de que aquel viejo supiera leer, y desde luego no estaba repitiendo un artículo de periódico. Sus nociones de historia habían ido pasando de generación de vagabundos en generación de vagabundos, en algunos casos puede que a lo largo de varios siglos. En su caso, la tradición oral seguía vigente como un leve eco de la Edad Media.
Paddy y yo nos presentamos en el albergue a las seis de la tarde y nos marchamos a las diez de la mañana. Era muy parecido al de Romton y al de Edbury y no vimos ni rastro del fantasma. Entre los transeúntes había dos tipos de Norfolk llamados William y Fred que habían sido pescadores y eran aficionados a cantar. Repetían una canción titulada «Bella la desdichada», que vale la pena reproducir. Se la oí cantar media docena de veces esos dos días y acabé aprendiéndomela de memoria, excepto por un verso o dos que he tenido que completar. Decía así: