Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres De ahí se deduce que decir: «Ellos se lo han buscado» como se hace normalmente con los vagabundos es tan injusto como si se dijese de los tullidos o los enfermos. Si se entiende esto, resulta más fácil ponerse en el lugar del vagabundo y comprender cómo es su vida. Una vida extraordinariamente fútil y desagradable. He descrito los albergues y la rutina diaria de los vagabundos, pero hay tres males en los que conviene insistir. El primero es el hambre, que es el destino común de los vagabundos. En los albergues se les da una ración que muy probablemente ni siquiera pretenda ser suficiente, y cualquier otra cosa tienen que conseguirla mendigando, es decir, quebrantando la ley. El resultado es que casi todos los vagabundos están malnutridos, y para comprobarlo basta con echar un vistazo a los hombres que esperan a la puerta de cualquier albergue. El segundo de los males de la vida de los vagabundos, que a primera vista parece tener mucha menos importancia, aunque no es así, es que está privado de cualquier contacto con mujeres. Vale la pena extenderse un poco sobre esto.