Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres —Doscientos francos —respondà sin dudarlo.
—Tiens! —exclamó sorprendida—; caramba, no está mal. ¡La ropa inglesa debe de ser muy cara!
La mentira me ahorró muchas complicaciones y, curiosamente, acabó convirtiéndose en realidad. Unos dÃas después, cobré justo doscientos francos que me debÃan de un artÃculo y, aunque me dolió, gasté hasta el último penique en pagar el alquiler. De ese modo, aunque las semanas siguientes pasé mucha hambre, al menos nunca me faltó un techo.
Ahora era imprescindible encontrar trabajo, y recordé a un amigo, un camarero ruso, que tal vez podrÃa ayudarme. Lo habÃa conocido en el pabellón público de un hospital, donde recibÃa tratamiento para la artritis en la pierna izquierda. Me habÃa dicho que acudiera a él si me veÃa en dificultades.