Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres —¿Qué te habÃa dicho? —exclamó—. ¡La fortuna de la guerra! Esta mañana tenÃamos cinco sous, y ahora mÃranos. Siempre lo he dicho, no hay nada más fácil que conseguir dinero. Y eso me recuerda que tengo un amigo en la rue Fondary a quien podrÃamos ir a ver. El muy ladrón me estafó cuatro mil francos. Sobrio es el peor de los ladrones, pero, curiosamente, cuando está borracho es muy honrado. Calculo que a eso de las seis de la tarde ya estará achispado. Vayamos a buscarlo. Es probable que nos pague cien francos a cuenta. Merde! Hasta podrÃa pagarnos doscientos. Allons-y!
Fuimos a la rue Fondary y lo encontramos cuando ya estaba ebrio, pero no conseguimos nuestros cien francos. En cuanto Boris y él se vieron, se produjo una discusión terrible en la calle. El hombre declaró que no le debÃa a Boris ni un penique y que, al contrario, era Boris quien le debÃa cuatro mil francos a él. Aunque no hacÃan más que pedirme mi opinión, no llegué a saber cuál de los dos tenÃa razón. Los dos estuvieron discutiendo sin parar, primero en la calle, luego en un bistro, después en un restaurante prix fixe donde fuimos a cenar y a continuación en otro bistro. Al final, después de llamarse ladrón el uno al otro durante dos horas, se fueron a beber y se gastaron hasta el último céntimo del dinero de Boris.