Subir a por aire

Subir a por aire

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

No pueden imaginarse lo que sentía. Al poco rato, no pude soportar aquel suplicio de Tántalo y corrí al otro estanque para ir a buscar los aparejos. Pero era inútil intentar coger uno de aquellos colosales peces con la caña que yo tenía; la hubiesen roto como un cabello. Y ya no podía seguir pescando aquellas pequeñas bremas. La vista de las grandes carpas me tenía casi mareado. Monté en la bicicleta y volví a casa. Era un maravilloso secreto para un muchacho: un estanque sombrío oculto en el bosque, con unos enormes peces que nadie había ido a pescar nunca y que morderían el primer cebo que se les ofreciese. Era sólo cuestión de procurarse una caña lo suficientemente fuerte para sujetarlos. Ya lo tenía decidido: compraría los aparejos necesarios aunque tuviese que robar el dinero del cajón de la tienda. De la forma que fuese, Dios sabía cómo, me haría con media corona y compraría un sedal de seda para salmones, algo de tripa gruesa o sedal de seda y alambre y anzuelos del número 5, y volvería al estanque provisto de queso, gusanos, pasta de pan, gorgojos, brandlings, saltamontes y cualquier cebo del mundo que pudiese tentar a una carpa. Y volvería el sábado siguiente, no más tarde.





👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker