Subir a por aire

Subir a por aire

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cuando nos íbamos, dije sin darle importancia, sólo para ver la reacción de Hilda:

—Un día de estos voy a venir a pescar yo también…

—¿Qué? ¿Que tú vas a venir a pescar, George? Pero si tú no sabes…

—Oh, yo había sido muy aficionado —le dije.

Ella se mostró vagamente en contra, como de costumbre, pero no pudo argumentar nada, excepto que si yo iba a pescar no vendría conmigo, para no ver aquellos bichos fofos y asquerosos que se ponían en el anzuelo. Y, de pronto, se dio cuenta de que, si yo iba de pesca, el equipo que necesitaría, caña, carrete y todo lo demás, costaría aproximadamente una libra. La caña sola ya costaría diez chelines. Inmediatamente, se enfadó. Ustedes no saben cómo se pone Hilda cuando ve que se van a malgastar diez chelines.

—¡Vaya una ocurrencia! —me espetó—. Gastar tanto dinero en una cosa así. Es absurdo. ¡Y que se atrevan a cobrar diez chelines por una cañita como éstas! ¡Es vergonzoso! ¿Y cómo vas a ir a pescar a tu edad? Un hombrón como tú… No seas niño, George.

Entonces intervinieron los niños. Lorna se me arrimó y me preguntó con ese estúpido descaro suyo:

—¿Tú eres un niño, papá?

Y el pequeño Billy, que en aquella época todavía hablaba mal, anunció al mundo en general:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker