Subir a por aire
Subir a por aire Sentí como si me levantase una gran mano de aire. Después caí, sintiéndome como reventado y roto, en la zanja junto a la carretera, entre un montón de latas viejas, astillas de madera, alambre de espino oxidado, cagadas, cajas de cartuchos vacíos y otras porquerías. Cuando me sacaron y me limpiaron un poco, resultó que la herida no era de mucha gravedad. Tenía pequeños trozos de metralla en una nalga y en la parte posterior de las piernas. Pero tuve la fortuna de romperme una costilla al caer, lo cual hizo la cosa lo bastante grave como para que me enviasen de nuevo a Inglaterra. Pasé aquel invierno en un hospital de campaña, en las dunas de Eastbourne.