Subir a por aire
Subir a por aire No tenía intención de hacer nada en particular. Aquello era parte de la gracia. Quería paz y tranquilidad. ¡Paz! En Lower Binfield había paz. Ya les he contado algo de mi antigua vida allí, antes de la guerra. No pretendo que fuera una existencia perfecta. Sé que era aburrida, indolente, vegetal. Pueden decir, si quieren, que vivíamos como las coles. Pero las coles no viven aterrorizadas por el jefe, no se despiertan por la noche pensando en la próxima crisis y en la próxima guerra. Teníamos paz en nuestro interior. Desde luego, yo sabía que incluso en Lower Binfield las cosas habrían cambiado. Pero el lugar en sí no habría cambiado. Estarían aún los hayales en torno a Binfield House, el camino de sirga junto a la presa de Burford y el abrevadero en la plaza del mercado. Quería volver allí, aunque sólo fuese una semana, y empaparme de la atmósfera de allí. Era un poco como lo que hacen esos sabios orientales cuando se retiran al desierto. Y yo diría que, de la manera como van las cosas, habrá mucha gente que se retirará al desierto durante los próximos años. Será como aquella época de la antigua Roma que me describía Porteous, cuando había tantos eremitas que había una lista de solicitudes para cada cueva.