Subir a por aire

Subir a por aire

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Seguí pisando el acelerador hasta que la vieja carraca se puso a la máxima velocidad, a más de setenta por hora. Hacía un ruido semejante al de una bandeja de latón llena de tazas de porcelana, y al amparo de aquel ruido casi me puse a cantar de contento que estaba.

Naturalmente, el problema era Hilda. Aquel pensamiento moderó un poco mi entusiasmo. Y puse el coche a cuarenta para reflexionar.

Era casi seguro que, más pronto o más tarde, Hilda me descubriría. Lo de tener sólo una semana de vacaciones en agosto podía salvarlo sin dificultad. Podía explicarle que aquel año la compañía sólo me daba una semana. Probablemente, no me haría muchas preguntas acerca de aquel punto, porque vería en seguida que representaba una reducción en los gastos de vacaciones. Y los niños, de todas maneras, siempre pasan un mes en la playa. El problema era encontrar una coartada para la semana de mayo. No podía irme sin decir nada. Lo mejor, pensé, sería decirle con mucha anticipación que me mandarían a hacer un trabajo especial a Nottingham, Derby o Bristol, o a algún otro lugar muy alejado. Si se lo decía dos meses antes, parecería que no tenía nada que ocultar.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker