Subir a por aire
Subir a por aire Pero desde luego, más pronto o más tarde, lo descubrirÃa. ¡Buena es Hilda para estas cosas! Al principio fingirÃa creerlo, y después, con ese disimulo y tenacidad suyas, descubrirÃa que no habÃa estado en Nottingham, Derby, Bristol o donde fuese. Es sorprendente la técnica que utiliza. Tiene una perseverancia extraordinaria. No dice nada hasta haber descubierto todos los puntos débiles de mi coartada, y entonces, inesperadamente, cuando hago referencia a alguno de ellos en una observación descuidada, me ataca de frente. Y entonces sale a la luz todo el dossier del caso.
—¿Dónde estuviste el sábado por la noche? ¡Eso es mentira! Saliste con una mujer. Encontré estos cabellos cepillando tu americana. ¡MÃralos! ¡Mi pelo no es de este color!
Y entonces empieza el drama. Dios sabe cuántas veces ha sucedido asÃ. A veces ha acertado en lo de la mujer, y a veces se ha equivocado, pero el resultado es siempre el mismo. Semanas y semanas de regañinas, discusiones en todas y cada una de las comidas, con los niños preguntándose qué pasa. Aquella vez, lo peor que podÃa hacer era decirle que habÃa pasado una semana en Lower Binfield por tal y tal razón. PodrÃa estar explicándoselo hasta el dÃa del juicio, que nunca lo entenderÃa.