Subir a por aire
Subir a por aire Encontraron la otra caja de pipas. Como era de esperar, no habÃa ninguna con boquilla de ámbar.
—Me parece que no tenemos ninguna de ámbar en este momento. Pero tenemos unas de vulcanita que están muy bien.
—Es que querÃa una de ámbar —dije.
—Aquà hay unas muy bonitas —dijo ella, enseñándome una—. Ésta está muy bien. Vale media corona.
La cogÃ. Nuestros dedos se rozaron. Nada, ninguna reacción. Los cuerpos no tienen memoria. Ustedes creerán que acabé comprando aquella pipa en recuerdo de los viejos tiempos, para poner media corona en el bolsillo de Elsie.
Pero no. No me interesaba la pipa. No tengo costumbre de fumar en pipa; habÃa sido sólo una excusa para entrar en la tienda. La examiné un momento y la dejé sobre el mostrador.
—Es igual, no se preocupe —dije—. Déme un paquete pequeño de Players.
TenÃa que comprar algo, después de marearles tanto. George segundo —o quizá fuese el tercero o el cuarto— extrajo con brusquedad un paquete de Players del estante, masticando aún bajo el bigote, evidentemente malhumorado porque le habÃa hecho dejar el té para nada. Pero me pareció que no tenÃa sentido ninguno tirar media corona. Salà de la tienda, y ésa fue la última vez que vi a Elsie.