Subir a por aire
Subir a por aire Volví al George y cené allí. Después salí, con la vaga intención de ir al cine en caso de que hubiese alguno abierto, pero en lugar de eso entré en uno de los grandes y ruidosos bares de la parte nueva de la ciudad. Allí me encontré con dos tipos de Staffordshire que viajaban para una casa de cuchillería, y nos pusimos a hablar del negocio, a jugar a los dardos y a beber Guinness. A la hora de cerrar, estaban los dos tan borrachos que tuve que acompañarles a casa en un taxi. Yo estaba también bastante trompa, y a la mañana siguiente me levanté con la cabeza más cargada que nunca.