Indigno de ser humano
Indigno de ser humano —¡Yozo siempre tiene las mejores bromas! —rÃen sus compañeros de escuela. —Ese chico es un encanto —comentan los adultos, mientras él responde con una sonrisa que oculta su vacÃo.
Pero cuando las luces se apagan, cuando el telón de su pequeña farsa cae, queda solo en la oscuridad de su habitación, con el peso de un mundo al que no pertenece. No siente amor por su familia, ni apego por su hogar. Su vida es un desfile de rostros borrosos que lo observan sin verlo realmente.
A medida que crece, su habilidad para engañar se perfecciona. Aprende a adaptarse a cualquier situación, a encajar en cualquier entorno sin ser notado. Se convierte en un camaleón humano, siempre sonriendo, siempre cumpliendo el papel que los demás esperan de él. Pero por dentro, se siente como un espectro, un fantasma atrapado en un cuerpo que no le pertenece.
—No entiendo cómo puedes ser tan feliz todo el tiempo, Yozo —dice un amigo de la escuela, envidiando su aparente despreocupación. —Es un don natural —responde él, con la voz perfecta de quien no tiene una sola preocupación en la vida.
Pero la verdad es que Yozo tiene miedo. Miedo de que alguien, algún dÃa, vea a través de su máscara. Miedo de que descubran que detrás de su risa no hay nada.
Y entonces, un dÃa, lo descubre.
