Indigno de ser humano
Indigno de ser humano Su padre lo envÃa a Tokio para continuar sus estudios. AllÃ, lejos de la mirada vigilante de su familia, la ciudad le ofrece un nuevo escenario, más amplio, más peligroso. No tarda en encontrar compañÃa: otros jóvenes con la misma indiferencia hacia la vida, el mismo hambre de escape. Pronto, el alcohol se convierte en su mejor aliado, y su risa se vuelve más fácil, más automática, más vacÃa.
—Brindemos por la libertad —dice un compañero de borrachera, levantando su copa en un bar oscuro. —Por la gran mentira que llamamos vida —responde Yozo, sin dejar de sonreÃr.
Pero en el fondo, empieza a preguntarse cuánto tiempo podrá seguir sosteniendo su farsa. Porque la máscara está empezando a agrietarse. Y cuando eso pase, cuando finalmente se rompa, ¿qué quedará de él?
La respuesta está al acecho, en las sombras de su propia mente.
El aire de Tokio huele a humo, alcohol y desesperación. Yozo camina por las calles como un espectro, su risa resonando en bares y burdeles, donde su nombre se convierte en sinónimo de diversión. No hay lÃmites, no hay responsabilidades. Solo hay noches interminables y un dolor sordo que intenta ahogar con cada trago.