Indigno de ser humano
Indigno de ser humano —Eres el alma de la fiesta, Yozo —dice una mujer de labios pintados mientras le pasa una copa. —Y tú eres mi musa de esta noche —responde él, con esa sonrisa que oculta su vacÃo.
Pero la farsa comienza a mostrar grietas. Su familia ha dejado de enviarle dinero. Sus deudas crecen. Y el alcohol, que antes le permitÃa soportar el peso de su propia existencia, ya no es suficiente. Algo dentro de él grita por una salida.
Entonces la conoce.
Se llama Tsuneko, una mujer con los ojos cansados y la esperanza marchita. Se ven reflejados el uno en el otro: dos seres sin propósito, arrastrados por la corriente de la vida. Juntos, forman un pacto silencioso. No se dicen palabras de amor, porque ninguno de los dos sabe lo que eso significa. Solo comparten el mismo deseo: desaparecer.
—Si saltamos, será rápido —susurra ella, con la voz quebrada. —Entonces saltamos —responde él, sin dudar.
El rÃo los espera, negro y sin fondo. Pero el destino no sigue su plan. Tsuneko se ahoga. Yozo sobrevive.
Cuando abre los ojos en el hospital, su primera sensación no es el alivio. Es el horror. Ha fallado. No solo sigue vivo, sino que ahora carga con la culpa de haber llevado a alguien más a la muerte.
