Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor
Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor La otra, si no recuerdo mal, sonrió mirando de reojo; o estoy equivocado o sujetaba en su diestra una vara de mirto[5]: «¿Por qué, Tragedia orgullosa —dijo—, me hu35millas con palabras solemnes?, ¿es que no puedes dejar nunca tu solemnidad? A pesar de todo, has tenido a bien expresarte en el ritmo desigual[6]; has combatido contra mí utilizando mis versos. No habría yo juntado tus sublimes acentos con los míos: tu realeza deja por tierra las puertas 40de mi pobre casa. Soy ligera y, como yo, es ligero Cupido, prenda de mis desvelos[7]: no soy más fuerte que mis propios argumentos. Grosera sería sin mí la madre del lascivo Amor[8]: de esa diosa he llegado a ser alcahueta y compañera. La puerta que tú no has podido abrir con tu seve45ro coturno, cede ante mi dulzura. Y con todo he merecido tener más poder que tú al sobrellevar muchas cosas que no hubiera soportado tu arrogancia. Gracias a mí aprendió Corina, tras haber engañado a su guardián, a superar 50el obstáculo de una puerta bien cerrada, a escaparse del lecho envuelta en una túnica desceñida y a mover de noche los pies sin hacer ruido. Incluso, ¡cuántas veces, escrita en una tablilla, estuve colgada de las duras puertas sin temor de que la gente al pasar me leyera! Y hasta me acuer55do de haber estado escondida entre los pliegues del vestido de la criada, donde me guardó en espera de que el feroz guardián se marchara. ¿Y qué, cuando me envías como regalo de cumpleaños, pero ella me rompe, la muy inculta, y me echa en el agua que hay junto a ella? Fui la primera en sacar a la luz con éxito las semillas de tu inteligencia[9]. 60Lo que ésta reclama de ti, te lo he regalado yo.»