Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor
Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor Llegó también impetuosa la Tragedia, avanzando a grandes zancadas; los cabellos le caían sobre su frente altanera y el manto le arrastraba por el suelo. Su mano izquierda movía de un lado a otro el cetro real; el alto coturno de 15Lidia calzaba sus pies[3]. Y ella fue la que empezó diciéndome: «¿Cuándo pondrás fin a tu amor, oh tú, poeta que te demoras en tu propio argumento? En medio de los banquetes, entre el vino, cuentan tus amoríos, los cuentan en las encrucijadas de las calles. Muchas veces, poeta, hay 20quien te señala con el dedo al pasar y dice: “Ése, ése es a quien el fiero Amor abrasa.” Eres, y no te das cuenta, habladuría en toda la ciudad, en tanto que, sin ningún pudor, relatas tus hazañas. Va siendo hora ya de que te muevas, empujado por un tirso[4] más solemne. Ya está bien de holgazanería: da principio a una obra de más altos vue25los. Los temas que eliges coartan tu ingenio; canta las hazañas de los héroes. “Éste —dirás— es el campo apropiado para mi inspiración.” Tu musa ha escrito versos para que las muchachas delicadas los reciten; en tu juventud te has dedicado al ritmo que le era propio a tu edad. Ahora consiga yo, la Tragedia romana, renombre gracias a ti: 30tu inspiración se ajustará a mis reglas». Eso dijo y apoyándose en sus coloreados coturnos, movió tres y cuatro veces la cabeza cubierta por densa cabellera.