Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor
Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor ¿Cómo va a ser mi vejez cuando me llegue —si es que me ha de llegar— si mi juventud falta ya a sus deberes? ¡Ah! me avergüenzo de mis años: ¿de qué me vale sentirme joven y varón si mi amiga no ha comprobado mi ju20ventud y mi virilidad? En tales condiciones se levanta la piadosa sacerdotisa[50] para acercarse al fuego que siempre arde y del lecho de su hermano querido la hermana respetuosa.
Y sin embargo hace poco dos veces la rubia Clide, tres veces la pálida Pito y tres veces Libas disfrutaron una tras otra de mis favores. Me acuerdo que en el corto espacio 25de una noche Corina me pidió que nos amáramos y yo aguanté nueve veces.
¿No será que mi cuerpo languidece embrujado por algún veneno de Tesalia?; ¿no será que ensalmos y hierbas, ¡desgraciado de mÃ!, me están haciendo daño, o que una 30hechicera ha grabado mi nombre en amarillenta cera y una afilada aguja ha penetrado en medio de mi hÃgado?[51]. Ceres[52], dañada por ensalmos, queda reducida a hierba sin fruto; sécanse las aguas de la fuente dañada por ensalmos; al ritmo de ensalmos caen las bellotas de las encinas y la uva de las parras, y vienen al suelo los frutos sin que nadie 35mueva el árbol. ¿Qué es lo que prohÃbe que también los nervios se emboten mediante artes mágicas? Quizá provenga de aquà mi impotencia.