Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor
Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor 535¿Por qué me entretengo en naderÃas? Mi espÃritu me impulsa a cosas mayores. Voy a contar algo grande. Escúchame, público, con toda atención. Me propongo una meta difÃcil, pero no hay mérito donde no hay dificultades: mi enseñanza requiere un esfuerzo arduo; soporta con paciencia a tu rival: la victoria 540te acompañará y serás vencedor en el alcázar del gran Júpiter. No creas que esto te lo está diciendo un hombre, sino las encinas pelasgas; nada superior a ellas contiene mi enseñanza. Si ella hace señas con la cabeza, la dejarás; si escribe algo, no toques las tablillas; que venga de donde 545quiera y vaya donde le plazca. Eso se lo permiten los maridos a su esposa legÃtima cuando tú, dulce sueño, vienes a cumplir tu misión. En tal arte, lo confieso, no estoy yo bien formado, ¿qué debo hacer? Yo mismo estoy por debajo de mis preceptos. ¿Cómo podrá ser que, delante 550de mÃ, alguien haga señales a mi amada y yo lo aguante sin que mi cólera me arrastre a cometer cualquier desmán? Recuerdo que su acompañante le habÃa dado besos y me quejé de los besos que le habÃa dado: nuestro amor es prolijo en tales necedades[87]. Ese defecto mÃo me ha perjudicado más de una vez; más listo es aquel por cuya mediación acuden otros enamorados. Pero lo mejor fue siempre 555el ignorar: deja que las infidelidades permanezcan en secreto para que la vergüenza no huya del rostro, vencida por la confesión de la culpa. Por eso, con mayor razón, dejad, jóvenes, de intentar sorprender a vuestras muchachas; que sean infieles y que siéndoos infieles crean que os engañan. Crece el amor de aquellos a los que se ha sorprendido: cuando el destino de dos es semejante ambos 560persisten en aquello que causó su perjuicio.