Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor

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Cómo eludir la vigilancia

Iba a dejar de lado la manera de poder eludir a un marido perspicaz y a un alertado guardián. Que la casada tema al marido, consintamos en que se la vigile: eso es lo conveniente, eso lo mandan las leyes, la autoridad y el pudor. Pero ¿que se te vigile también 615a ti, que acabas de ser liberada por la vara del pretor?[106], ¿quién lo consentiría? Para que aprendas a engañar, ven a oír mis sagradas palabras. Aunque te observan tantos ojos como los que tenía Argos, con tal que en ello te empeñes, los engañarás. ¡Como que el guardián te va a impedir que escribas cuando te conceda tiempo para que te 620laves, cuando tu confidente tenga la posibilidad de llevar las tablillas escritas y ocultarlas en el tibio seno bajo una amplia venda, cuando pueda esconder los mensajes atándoselos a la pantorrilla y llevar la amorosa carta bajo su pie calzado! En caso de que el guardián hubiera preca625vido todo esto, que tu confidente ofrezca su espalda como carta y lleve las palabras sobre su cuerpo. Es segura también y engaña a los ojos la letra escrita con leche fresca (úntala con polvo de carbón y podrás leerla); pasará también desapercibida la que se hace con un punzón de lino un poco húmedo, llevando así la tablilla sin rayar señales 630ocultas. Buen cuidado tuvo Acrisio de vigilar a su hija; sin embargo ella lo hizo abuelo con la falta que cometió[107]. ¿Qué va a hacer el guardián cuando hay en la ciudad tantos teatros, cuando ella asiste gustosamente al espectáculo de las cuadrigas de caballos, cuando está sentada 635y atenta a los sistros de la temerá de Faros[108], y va a lugares donde no pueden entrar sus acompañantes; cuando la Buena Diosa[109] aparta de sus templos las miradas de los varones —si no es las de aquéllos a los que ella manda 640venir—; cuando muchos baños ocultan los placeres furtivos mientras el vigilante guarda afuera las ropas de la mujer; cuando una amiga se finge enferma cuantas veces es necesario y a pesar de la enfermedad cede su lecho; cuando una llave adúltera enseña con su mismo nombre qué debemos hacer, y no sólo la puerta da el acceso que se 645busca? También se burla la vigilancia del guardián con vino en abundancia, y más aún si ha sido aquella uva vendimiada en los collados de Hispania; hay también drogas que producen un sueño profundo y que mantienen cerrados los ojos, vencidos por la noche del Leteo[110]. Obra bien 650asimismo tu confidente cuando retiene al detestable individuo con prolongadas caricias y hasta se une amorosamente con él durante un largo rato. Pero ¿de qué sirve andar con rodeos y dar consejos insignificantes, cuando con el regalo más pequeño se puede comprar al vigilante? Los regalos, créeme, conquistan a los hombres y a los dioses: 655Júpiter mismo se aplaca cuando le hacen ofrendas. ¿Qué hará el sabio, si incluso el necio se alegra con un regalo?; también él, cuando haya recibido un regalo, enmudecerá. Pero hay que comprar al vigilante de una vez para siempre: a menudo te prestará la ayuda que ya una vez te prestó.


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