Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor
Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor ¿Para qué recordar los ruegos piadosos que mi amiga hizo, temerosa por ti, ruegos que el tempestuoso Noto se 45llevó por el mar? Llegó el día séptimo, que no había de dar paso al siguiente, y la Parca estaba de pie con su rueca ya vacía[38] para ti. Y a pesar de todo no se quedaron clavadas tus palabras en paladar perezoso; tu lengua exclamó al morir: «¡Adiós Corina!».
A los pies de la colina del Elisio[39] crece un bosque 50de encinas de oscuro follaje y la tierra, humedecida, verdea siempre por el césped. Si hay que dar crédito a cosas inciertas, aquél es el lugar de las aves piadosas —según se dice—, adonde les está prohibido entrar a las aves siniestras. Allí, en toda su extensión, picotean los cisnes inocentes y el fénix imperecedero[40], ave siempre solitaria; 55despliega sus alas también allí el ave de Juno[41], y la paloma cariñosa da besos al apasionado macho. Acogido el papagayo en esta morada boscosa, atrae con su lenguaje la atención de los pájaros piadosos.
Un montón de tierra cubre sus huesos, montón de tie60rra en proporción al tamaño de su cuerpo, y encima una piedra pequeña, igual que él, lleva inscritos estos versos:
«DE MI SEPULTURA MISMA SE DEDUCE QUE HE SIDO GRATO A MI DUEÑA. TUVE UN PICO QUE SABÍA HABLAR MÁS DE LO QUE SUELE UN AVE.»