Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor
Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor ¿Por qué rehúsas y finges, desagradecida, temores nuevos? Ya es bastante que hayas servido a uno de tus amos. Porque si te niegas, necia de ti, yo seré el delator que 25confiese tus pasadas acciones, y vendré a revelar mi propia falta y diré, Cipasis, a tu dueña en qué lugar estuve contigo y cuántas veces, con qué frecuencia lo hicimos y en qué posturas.
Súplica a Cupido para que, una vez que el poeta se le ha sometido, deje ya de asediarle sin tregua.
¡Oh Cupido, nunca satisfecho en tu ira contra mí, oh niño aposentado perezosamente en mi corazón! ¿Por qué me molestas a mí que, soldado tuyo, nunca he abandonado tu bandera, y por qué me hieres en mi propio campa5mento?[48]. ¿Por qué tu antorcha abrasa a los amigos y tu arco los saetea? Mayor gloria sería para ti vencer a los que se te oponen. ¿Qué? ¿No ayudó el héroe de Hemonia con su ciencia médica al herido, después de haberlo atravesado con su lanza?[49]. El cazador persigue lo que huye 10pero deja lo que ha cazado y siempre busca algo que añadir a lo encontrado. Nosotros, pueblo rendido a tus pies, somos quienes experimentamos tus armas, mientras que tu mano perezosa se retira del enemigo que te hace frente. ¿Por qué disfrutas al embotar en huesos descarnados tus dardos ganchudos?, pues descarnados me dejó los huesos el Amor.