Cartas de las heroinas - Ibis
Cartas de las heroinas - Ibis Una torre abierta a los cuatro vientos contempla en torno las aguas; a ella me dirijo con la cara y el pecho 70 empapados de lágrimas. Miro a través de las lágrimas, y los ojos, favoreciendo la avidez de mi corazón, ven más allá de lo que se suele. Súmale a eso mis castas oraciones, mis votos mezclados con el miedo, ¡que ahora que sé que vives tengo que cumplir de todas formas! ¿Cumplir yo esos 75 votos? ¡Para que Medea los disfrute! Me duele el corazón y se me desborda, de la rabia y el amor juntos. ¿Llevar presentes a los templos por haber perdido a Jasón vivo? ¿Que caiga una víctima ofrecida para mi propia desgracia? En verdad nunca he estado tranquila, porque temía que tu padre eligiera 80 una nuera de la ciudad de Argos. Yo temía a las de Argos…, ¡y he sido víctima de una rival extranjera! Me ha herido un enemigo que no tuve en cuenta. Ella no gusta por su hermosura o por sus dones, sino que es ducha en encantamientos, y siega con su hoz encantada hierbas maléficas. Ella se dedica a apartar de su órbita, contra la voluntad, a la 85 Luna, y a esconder en las tinieblas a los caballos del Sol; es la que frena las aguas de los sinuosos ríos y los detiene; es la que da vida y mueve de su sitio a bosques y rocas. Vaga por los sepulcros con el pelo suelto y escoge unos huesos 90 concretos de las piras aún calientes. Embruja a los que están lejos, y modela estatuillas en cera, y clava en las entrañas de la víctima delgadas agujas. Y, cosa que más me valdría ignorar: pretende con hierbras y de mala manera un amor que debería ganarse con su carácter y su hermosura. ¿Tú a 95 ésta puedes abrazarla y disfrutar sin pavor del sueño, abandonado con ella en una misma cama en el silencio de la noche? Se ve que, igual que a los toros, también a ti te ha hecho llevar el yugo: y que te ha amansado también a ti con los mismos medios que a las serpientes fieras. Súmale que consigue que a ella se atribuyan las hazañas de tus nobles 100 varones y las tuyas propias, y que la esposa estorba los títulos del marido. Y alguno de los partidarios de Pelias achaca estas hazañas a sus venenos y tiene gente que lo crea. «No ha sido Esónida, sino la del Fasis, la hija de 105 Eetes, la que arrancó el vellón de oro del carnero de Frixo». Ni Alcímede, tu madre (¡consulta a tu madre!), ni tampoco tu padre ven bien que les llegue una nuera desde el helado polo. ¡Que se busque ella marido en el Tanais y en las aguas pantanosas de la Escitia, y hasta en la tierra del Fasis! Inconstante Esónida, más inseguro que el viento en primavera, 110 ¿por qué tus palabras de promesa carecen de peso? Te fuiste de aquí siendo mi marido, y vuelves de allí ya no como marido mío; ¡sea yo esposa del que vuelve, como lo era del que marchaba! Si te impresionan la nobleza y los apellidos ilustres: aquí me tienes, que se me llama hija de 115 Toante, descendiente de Minos. Baco es mi abuelo: la esposa de Baco, ceñida por su corona, refulge más con sus estrellas que otras constelaciones menores[148]. Lemnos será tu dote, tierra generosa para el que la trabaja, y también a mí puedes contarme como parte de la dote. Ahora además 120 he parido: felicítanos a los dos, Jasón; en mi preñez el responsable de mi carga me la hizo agradable. También he tenido suerte en el número, porque he dado a luz una prole gemela, doble prenda, con la bendición de Lucina. Si quieres saber a quién salen, se te reconoce en ellos: no saben engañar, lo demás lo tienen del padre; he estado a punto de 125 mandártelos como representantes de su madre; pero la cruel madrastra me hizo desistir del viaje proyectado. Me daba miedo de Medea —Medea es peor que madrastra—, lo que hacen las manos de Medea es todo para mal fin. La que pudo desparramar por los campos el cuerpo descuartizado de su hermano[149], ¿se va a compadecer ella de mis prendas? 130 ¿A ésa, sin embargo, oh loco y enajenado por pócimas de la Cólquide, dicen que has preferido, antes que el lecho conyugal de Hipsípila? Ésa, cuando doncella, conoció varón con deshonra, como adúltera: la casta antorcha me hizo a mí tuya y a ti mío. Ella ha traicionado a su padre: yo libré de la 135 muerte a Toante[150]. Ella ha abandonado la Cólquide: a mí me tiene mi querida Lemnos. ¿Qué más da si la mujer culpable vence a la buena? Y por su misma falta ha conseguido dote y ha merecido un marido. Condeno el delito de las lemnias, pero no me sorprende, Jasón. Porque el propio 140 dolor da armas al más cobarde[151]. Dime tú si, como debió ser, arrastrado por vientos contrarios hubierais varado en mis puertos tú y tu amiga, y yo os hubiera salido al encuentro con mi parto gemelo… ¡Te faltaría tiempo para pedir que te tragara la tierra! ¿Con qué cara ibas a mirarnos a mí y a 145 los niños, malvado, y qué muerte merecerías en pago de tu infidelidad? Y sin embargo tú quedarías sano y salvo gracias a mí, no porque tú lo merezcas, sino porque yo soy compasiva. Pero con mis propias manos me llenaría yo la cara de la sangre de tu concubina y te llenaría la tuya, que150 ella me robó con sus brebajes. Sería una Medea con Medea. Y si es que desde lo alto el mismísimo Júpiter atiende mis votos[152]: que todo lo que llora Hipsípila lo padezca en su día la usurpadora de mi lecho y que sufra en sus carnes sus 155propias leyes, y que igual que se me abandona a mí, esposa y madre de dos hijos, así sea ella privada de marido y de otros tantos hijos. Que no mantenga mucho tiempo lo que tan mal ha parido y que lo pierda aún de peor modo: que sea desterrada y busque refugio por todo el orbe. Que sea tan 160cruel para su marido y sus hijos como cruel hermana fue para su hermano y cruel hija para su padre. Que cuando se le hayan acabado el mar y las tierras, que pruebe el aire: y vague pobre y desesperada, manchada de la sangre de los suyos. Ésta es la súplica de la hija de Toante, a la que han robado su matrimonio: marido y mujer, ¡vivid en una unión maldita!