El arte de amar
El arte de amar Aparte de eso, mira hacia atrás, no vaya a ser que el que está sentado detrás de vosotros, quienquiera que sea, empuje y apoye sus rodillas en la delicada espalda de ella. Los pequeños detalles cautivan a los espÃritus sensibles: a muchos les ha sido útil mullir el cojÃn con mano habi160lidosa; les fue también provechoso agitar una tablilla para darle un poco de aire y poner un hueco escabel debajo de su tierno pie. Éstas son las ocasiones que para conseguir un nuevo amor te brindará el Circo, asà como el foro bullicioso en el que se esparce la funesta arena[24]. En esa 165arena ha luchado más de una vez el hijo de Venus, y aquel que contemplaba las heridas fue herido a su vez; mientras hablaba, tocaba su mano, le pedÃa un programa[25] y deseaba que venciera uno de los dos luchadores —aquel por el que habÃa apostado—[26] lanzó un gemido al sentirse vulnerado, vÃctima de una alada saeta, y él mismo fue parte 170del espectáculo que estaba contemplando.
En la naumaquia¿Y qué pasó, cuando últimamente César enfrentó las naves persas con las cecropias[27] aparentando que se trataba de una batalla naval?[28]. Jóvenes y muchachas de uno y otro mar llegaron hasta 175aquà y una gran parte del orbe estuvo en la urbe. ¿Quién no encontró prenda que amar entre toda aquella muchedumbre?, ¡ay! ¡a cuántos les hizo sufrir un amor llegado de lejos!