El arte de amar
El arte de amar También los banquetes, cuando las mesas están dispuestas, ofrecen una buena ocasión: ahà puedes buscar otra cosa 230además del vino. En ellos más de una vez el purpúreo Amor estrechó seductoramente con sus cariñosos abrazos los cuernos[34] de Baco que estaba puesto a la mesa. Y cuando los vinos han salpicado las alas absorbentes de Cupido, él se queda quieto y permanece amodorrado en aquel lugar. Y aunque sacu235de sus plumas humedecidas con rapidez, sin embargo incluso las salpicaduras del Amor hieren el corazón. El vino prepara el espÃritu y lo hace receptivo para el acaloramiento: la angustia desaparece y se disuelve en el alcohol abundante. Entonces vienen las risas, y el apocado cobra atrevimiento; la pena, preocupaciones y arrugas de la frente 240desaparecen; entonces la espontaneidad, tan escasa en nuestra época, abre las mentes y el dios las libera de todo fingimiento. Allà más de una vez las muchachas han cautivado el espÃritu de los jóvenes, y Venus en medio del vino ha sido fuego que al fuego se añadÃa. Entonces no creas 245demasiado a la luz engañosa del candil: para valorar la belleza, la noche y el alcohol son un estorbo. Paris contempló a las diosas a la luz del dÃa y bajo el cielo abierto cuando dijo a Venus: «tú superas a las otras dos»; de noche se ocultan las faltas y se quita importancia a cualquier defecto; esa hora hace hermosa a cualquier mujer[35]. Es 250de dÃa cuando has de examinar las piedras preciosas y la lana teñida de púrpura, de dÃa también cuando has de examinar el rostro y la figura.