El arte de amar
El arte de amar Contemplarán con alegría el desfile los jóvenes y, uniéndose a ellos, las muchachas, y ese día les ensanchará el espíritu 220a todos y si alguna de ellas pregunta el nombre de los reyes, qué lugares, qué montes o qué ríos se ofrecen a la vista, respóndele a todo; e incluso aunque no te lo pregunte, y lo que no sepas, explícaselo como si lo conocieras con todo detalle. Ése es el Éufrates con la frente coronada de cañas; aquel al que 225le cuelgue una azulada cabellera, será el Tigris; dirás que ésos son los armenios, que ésa es Persia, la danaea[33]; tal otra fue una ciudad que existió en los valles aquemenios; aquél o aquel otro son los reyezuelos; y ya se te ocurrirán nombres que decir: si puedes, los verdaderos, y si no, por lo menos, unos que resulten apropiados.