El arte de amar
El arte de amar Sea ya el momento de cautivar taimadamente su espíritu con vuestros requie620bros, del mismo modo que la corriente de agua socava la ribera que pende sobre ella. No te avergüences de alabar su rostro y su cabellera, sus bien torneados dedos y su pequeño pie; incluso a las castas les gusta el pregón de su hermosura; la hermosura propia preocupa a las doncellas y les 625agrada. Y si no, ¿por qué a Juno y a Palas les da vergüenza todavía hoy no haber ganado el juicio en los bosques de Frigia? El ave de Juno[82] despliega su plumaje si lo alaban, pero si lo miras en silencio, esconde su ornato. A los cuadrúpedos les gusta que, en el intermedio de las rápidas carreras en que compiten, les peinen las crines y les 630den palmadas en el cuello.