El arte de amar
El arte de amar Y no te quedes corto al prometer: las promesas atraen a las mujeres; por añadidura pon como testigos de tu promesa a los dioses que quieras. Júpiter desde las alturas se ríe de los perjurios de los amantes y manda que los Notos de Éolo se los lleven haciéndolos baldíos. Júpiter solía jurar en falso a Juno por 635la Estige[83]: con su propio ejemplo nos apoya él ahora. Conviene que haya dioses y, puesto que conviene, creamos en su existencia. Ofrézcase incienso y vino a los antiguos altares. No les mantiene apartados de nosotros un descanso sin preocupaciones y semejante al sueño. Vivid sin 640hacer mal a nadie, un dios os vigila. Devolved lo que se os ha confiado; que la piedad cumpla sus deberes; manteneos lejos del engaño, tened las manos limpias de sangre. Pero, si sois listos, burlaos de las mujeres impunemente, sólo de ellas: éste es el único caso en que la fidelidad es más digna de vergüenza que el engaño. Engañad a las 645que os engañan; en su mayor parte son una raza impía: caigan pues en los lazos que ellas tendieron. Cuéntase que en Egipto no habían caído las lluvias que fertilizan los campos y que hubo sequía a lo largo de nueve años; entonces Trasio[8] se presenta a Busiris y le enseña que es posible 650aplacar a Júpiter derramando la sangre de un extranjero.