El arte de amar
El arte de amar Ya iba a terminar, pero las mujeres 755tienen distintos caracteres; conquista de mil maneras esos mil corazones. Tampoco una misma tierra produce de todo: una es apropiada para plantar vides, otra para olivos; en esta otra verdean con pujanza las mieses. Tantas maneras de ser hay en el interior de las mujeres, como formas en el universo: el que es listo, se adecuará 760a esos innúmeros caracteres y, del mismo modo que Proteo[100], unas veces se derretirá convirtiéndose en lÃquida agua, otras veces en león, otras en árbol y otras será un hirsuto jabalÃ. Aquà pescan con arpón, allà con anzuelos, en otra parte las redes, abombadas por medio de una cuerda tirante, arrastran a los peces. Tampoco a ti te con765vendrá la misma táctica para todas las edades; una cierva vieja se dará cuenta de las asechanzas a mayor distancia. Si ante la inculta te presentas como docto, y ante la vergonzosa como desenvuelto, enseguida ella desconfiará de sà misma, sintiéndose desgraciada. Por eso ocurre que la que tuvo miedo de entregarse a un hombre honrado, cae 770en los viles brazos de otro inferior.
Me queda aún parte del tema, que me he propuesto, pero parte está ya concluida. Que el ancla arrojada al agua detenga aquà nuestra nave[101].