El arte de amar
El arte de amar Él es, desde luego, arisco y de tal ánimo que muchas veces se revuelve contra mÃ, pero es un niño y su edad 10es dócil y propia para dejarse guiar. El hijo de FÃlira[3] enseñó a tocar la cÃtara a Aquiles cuando era pequeño y con este pacÃfico arte dominó su carácter violento; el que tantas veces fue terror para sus compañeros y tantas veces para los enemigos, cuéntase que sentÃa un pánico grande 15ante aquel anciano cargado de años; y las manos que Héctor probarÃa más tarde, las ofrecÃa él sumisamente a los palmetazos, siempre que el maestro se lo pedÃa. Quirón fue el preceptor del Eácida, yo lo soy del Amor: coléricos son ambos niños y ambos hijos de una diosa. Pero, no obstante, también la cerviz del toro soporta el peso del 20arado y los dientes de un caballo desbocado acaban por morder el freno. De igual manera el Amor se inclinará ante mÃ, aunque hiera mi corazón con su arco y agite sus antorchas, blandiéndolas en contra mÃa. Cuanto más enconadamente el Amor me haya clavado sus flechas y me haya abrasado, tantos más motivos tendré para vengarme de la herida que me haya hecho.
