Metamorfosis
Metamorfosis Elegido, pues, como árbitro de la amistosa disputa, confirmó la opinión de Júpiter. Juno, según dicen, se dolió más de lo debido y más de lo que el asunto merecía, y condenó a los ojos del que había sido su juez a una eterna oscuridad. Pero el padre omnipotente (puesto que ningún dios puede anular lo que otro ha hecho), a cambio de la vista perdida le concedió la facultad de conocer el futuro, aliviando así su pena con ese honor. Así que Tiresias se hizo famosísimo en las ciudades de Aonia, y daba su responso infalible a quienes iban a consultarle.
La primera en recibir una prueba fiel de la veracidad de sus palabras fue la azulada Liríope, a quien tiempo atrás había atrapado el Cefiso entre los meandros de su río, y apresándola entre sus olas la había violado. La bellísima ninfa había dado a luz un bebé que ya entonces era digno de ser amado, al que llamó Narciso. Al ser consultado sobre si el niño llegaría a ver los años de una avanzada vejez, Tiresias el adivino respondió: «Sólo si no se conocerá a sí mismo». Las palabras del augur parecieron no tener sentido durante mucho tiempo, hasta que el desenlace de los acontecimientos, la forma de la muerte y la novedad de la pasión probaron su certeza.