Metamorfosis
Metamorfosis Él, sin ningún miedo, respondió: «Mi nombre es Acetes, soy de Meonia[30], y mis padres eran humildes gentes del pueblo. Mi padre no me dejó campos que labrar con robustos bueyes ni rebaños de lanudas ovejas, ni ningún otro tipo de ganado: él mismo era pobre, y solía atrapar peces con un sedal y un anzuelo, y sacarlos del agua, palpitantes, con la caña. Su oficio era toda su riqueza: cuando me lo traspasó me dijo: “Recibe, tú que eres mi heredero y mi sucesor en el trabajo, toda mi fortuna”, y al morir no me dejó sino el agua del mar. Ésa es la única posesión que puedo llamar paterna. Después, yo, para no quedarme pegado siempre a los mismos escollos, aprendí a gobernar con mi mano el timón de una nave, y a reconocer la estrella de la Cabra Olenia[31], anunciadora de la lluvia, y también a Taígete[32], a las Híadas[33] y a la Osa, y aprendí cuáles eran las casas de los vientos y los puertos más seguros para los barcos.
»Una vez que me dirigía hacía Delos arribé casualmente a las costas de la isla de Quíos. Me acerqué a la playa maniobrando con los remos del flanco derecho, y con un pequeño salto descendí sobre la húmeda arena; allí pasamos la noche. Apenas comenzaba a clarear la rosada Aurora cuando me levanté y ordené a mis compañeros que fueran a traer agua fresca, y les indiqué el camino que les conduciría hasta ella.