Metamorfosis
Metamorfosis »Clitie sintió envidia, pues el amor del Sol por Leucótoe no era precisamente moderado, y en un arranque de ira desveló el adulterio de su rival, y difamándola se lo contó a su padre. Éste, enfurecido, no se dejó amansar por los ruegos de su hija, que, tendiendo sus brazos hacia el Sol, le decía: “¡Él me forzó en contra de mi voluntad!”. La enterró cruelmente bajo una espesa capa de tierra, y le echó encima un pesado túmulo de arena. El hijo de Hiperión demolió el túmulo con sus rayos y te abrió un camino para que pudieras sacar fuera tu rostro enterrado, pero tú, ninfa, ya no podías levantar la cabeza, ahogada por el peso de la tierra, y tu cuerpo yacía muerto. Dicen que después del fuego que consumió a Faetón, ése fue el dolor más grande que sufrió el auriga de los caballos alados. Él, desde luego, intentó reavivar sus miembros congelados con el calor de sus rayos. Pero cuando vio que el destino se oponía a sus intentos, roció el cuerpo y todo el lugar de néctar perfumado, y después de largos lamentos dijo: “A pesar de todo, tocarás el cielo”. Inmediatamente después, el cuerpo embebido de néctar divino se deshizo y empapó la tierra con su aroma, y poco a poco, extendiendo sus raíces entre los terrones de tierra, fue despuntando un arbusto de incienso, que rompió la cima del túmulo.