Metamorfosis
Metamorfosis »Los pastos de los caballos del Sol se encuentran bajo el eje del cielo de Hesperia[16]; no comen hierba, sino ambrosía, que nutre sus cuerpos cansados por el esfuerzo del día y repone sus fuerzas para soportar nuevas fatigas. Mientras los caballos se alimentaban allí de los pastos celestes y la noche cumplía su turno, el dios entró en el aposento de su amada tras haber adoptado el aspecto de Eurínome, su madre, y allí la vio rodeada de doce criadas, mientras a la luz de una lámpara tiraba de sutiles hilos y hacía girar un huso. Entonces, tras besarla como una madre besaría a su querida hija, dijo: “Se trata de un secreto. Marchaos, esclavas, no le quitéis a una madre el derecho de hablar a solas con su hija”. Ellas obedecieron, y cuando la habitación estuvo libre de testigos, dijo el dios: “Yo soy aquél que mide los largos años, el que todo lo ve y por el que todas las cosas se ven en la tierra, el ojo del mundo: créeme, tú me gustas”. Ella se asustó y el miedo hizo que sus dedos soltaran el huso y la rueca. Hasta el temor le sentaba bien; sin esperar más, él volvió a tomar su verdadera figura y su habitual esplendor, y la muchacha, aunque estaba aterrorizada por esa visión inesperada, vencida por la belleza del dios sufrió el ultraje sin quejarse.