Metamorfosis

Metamorfosis

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Allí cayeron por mano de Fineo los hermanos Bróteas y Amón —Amón, invencible con los cestos[7] (pero ¿cuándo pudieron los cestos vencer a las espadas?)—, y Ámpico, sacerdote de Ceres, con las sienes ceñidas por una blanca venda. También tú, Lampétida, que no estabas hecho para estas cosas sino para acompañar tu voz con la cítara, pacífica ocupación: se te había encargado que amenizaras el banquete y la fiesta con tu canto. Mientras permanecía apartado, con el plectro inofensivo entre sus manos, Pédaso le dijo, burlón: «¡Cántale el resto a las sombras estigias!», y le clavó la espada en la sien izquierda. Él cayó, y con los dedos moribundos volvió a tocar las cuerdas de la lira, que emitieron, en su muerte, un fúnebre tañido. Pero el violento Licormas no permitió que muriera sin venganza, y arrancando una sólida barra de la jamba derecha de la puerta le fracturó los huesos del centro del cráneo a Pédaso, que se desplomó en el suelo como un ternero en el matadero. También Pélates del Cínife[8] intentaba desclavar una tabla de la jamba izquierda: mientras lo intenta, Córito de Marmáride[9] le atraviesa la mano derecha con el acero de su lanza, clavándosela en la madera; mientras está así, clavado, Abante le traspasa el costado. Pero Pélates no cayó: sujeto por la mano, al morir quedó colgado de la jamba.



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