Metamorfosis
Metamorfosis »Mientras tanto, la madre, angustiada, buscaba a su hija en todas las tierras, en todos los mares. Ni la Aurora cuando llegó con sus cabellos húmedos ni Héspero[31] la vieron descansar; prendió dos antorchas en las llamas del Etna, y llevando una en cada mano vagó inquieta en la oscuridad de la noche bañada en rocío. Y cuando el Sol, creador de vida, hizo palidecer otra vez a las estrellas, ella seguía buscando a su hija desde el orto hasta el ocaso. Exhausta por la fatigosa búsqueda, estaba sedienta, pues no había bebido en ninguna fuente, cuando casualmente encontró una choza con el techo de paja y llamó a la pequeña puerta. Entonces salió una anciana, que al ver que la diosa le pedía agua le dio una bebida dulce en la que previamente había empapado unas gachas tostadas. Mientras bebía lo que le habían dado, un niño atrevido de rostro desvergonzado se paró ante la diosa, y echándose a reír la llamó glotona. Ella se ofendió, y mientras todavía estaba hablando le echó encima las gachas mezcladas con el líquido que aún no había bebido. El rostro del niño, absorbiéndolo, se llenó de manchas; si antes tenía brazos, ahora tiene patas, a sus miembros transformados se le une una cola, y su cuerpo se contrae en una diminuta figura, para que no pueda ser muy dañino, y se hace más pequeño que una pequeña lagartija. La anciana se asombra y llora, e intenta tocar al ser transformado: él huye y busca un escondrijo. Su nombre es adecuado al color de su piel, pues su cuerpo está salpicado de manchas como estrellas[32].