Metamorfosis
Metamorfosis La Tritonia había escuchado atentamente el relato y había alabado el canto y la justa ira de las diosas de Aonia. Entonces dijo para sí: «Pero alabar a los demás no basta. ¡Yo misma he de ser alabada, y no debo permitir que mi divinidad sea despreciada sin castigo». Y dirige sus propósitos hacia el destino de Aracne de Meonia[1], que, según había llegado a sus oídos, no se consideraba inferior a ella en el arte de tejer la lana. Su fama no se debía ni a la posición ni al origen de su familia sino a su propia habilidad; su padre era Idmón de Colofón, que se dedicaba a teñir la esponjosa lana con púrpura de Focea[2], y su madre había muerto, pero también ella había sido una mujer del pueblo, igual que su marido. No obstante, con su esfuerzo Aracne se había ganado un gran renombre en las ciudades de Lidia, a pesar de haber nacido en una casa humilde y de vivir en la humilde Hipepas[3]. Muchas veces abandonaron sus viñedos las ninfas del Tmolo, y las ninfas del Pactolo[4] abandonaron sus aguas para ir a ver su maravilloso trabajo. Y no sólo era un deleite ver las prendas ya acabadas, sino también ver cómo las hacía: tanta era la belleza de su arte. Tanto cuando hacía los primeros ovillos con la lana sin cardar como cuando la trabajaba con los dedos y alisaba una y otra vez los copos, parecidos a nubes, en largas piezas, cuando hacía girar el torneado huso con el ágil pulgar o cuando bordaba con la aguja, se veía que era alumna de Palas[5]. Pero ella lo niega, y tan gran maestra le parece una ofensa, y dice: «¡Que compita conmigo! A nada me negaré si me vence».