Metamorfosis

Metamorfosis

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Palas se disfraza de anciana: coloca en sus sienes falsas canas y apoya en un bastón sus débiles miembros. Después empieza a hablar: «En la vejez no hay sólo cosas malas: de la edad tardía nace la experiencia. Así que no te burles de mi consejo: busca la gloria de ser la primera entre las mortales en las labores de la lana, pero cede ante la diosa, y ruégale con voz suplicante que perdone tus palabras, oh temeraria: ella te perdonará si se lo pides». Aracne le lanza una torva mirada, suelta los hilos que había comenzado, y conteniendo a duras penas su mano, con airado semblante, responde con estas palabras a Palas oculta bajo su disfraz: «¡Desvariando vienes a aconsejarme, y acabada por los años: vivir mucho tiempo también es perjudicial! ¡Dile esas palabras a tu nuera, si es que tienes una, o a tu hija, si es que tienes! Yo tengo suficiente consejo en mí misma, y no creas que has conseguido algo con tus advertencias: sigo pensando lo mismo que antes. ¿Por qué no viene ella misma? ¿Por qué evita competir conmigo?». Entonces la diosa dice: «¡Ha venido!», y despojándose de la figura de anciana, muestra a Palas. Las ninfas y las mujeres de Migdonia[6] veneran a la divinidad; la muchacha es la única que no tiene miedo, aunque sí se sobresaltó, y su rostro mostró, sin querer, un repentino rubor que inmediatamente volvió a desaparecer. Lo mismo le ocurre al aire, que se tiñe de rosa cuando empieza a surgir la aurora, y al poco tiempo se torna blanco con la salida del sol. Ella insiste en su propósito, y un necio deseo de gloria la hace precipitarse hacia su ruina: en efecto, la hija de Júpiter ya no se rehúsa, ni le da más consejos, ni pospone el enfrentamiento.


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