Metamorfosis
Metamorfosis Sin más demora, cada una ocupa su puesto en un lugar distinto, y con sutiles hilos empiezan a tender la urdimbre. La urdimbre está sujeta al enjulio, el travesaño mantiene separados los hilos, las afiladas lanzaderas introducen la trama que los dedos luego acomodan, y pasándola entre los hilos los cortos dientes del peine la comprimen a cada golpe. Ambas trabajan a toda prisa y mueven sus brazos expertos con los vestidos recogidos sobre el pecho, y el ahínco borra la fatiga. Allí entretejen púrpura que ha conocido los calderos de Tiro, y tenues matices de color apenas distinguibles, como aquéllos con los que el arco iris, cuando los rayos del sol atraviesan las gotas de lluvia, suele teñir el vasto cielo con amplia curvatura: aunque mil colores distintos destellean en él, el ojo que los observa no puede distinguir el paso de uno al otro, tanto se parecen los que se tocan, aunque los extremos son distintos. Entretejen también flexibles hilos de oro, y sobre la tela se va desarrollando una antigua historia.