Metamorfosis
Metamorfosis Los próceres de los alrededores acuden a Tebas, y las ciudades vecinas piden a sus reyes que vayan a llevar palabras de consuelo: Argos, Esparta y Micenas, ciudades del Peloponeso; Calidón, a la que todavía no odiaba la fiera Diana[35]; la fértil Orcómeno, Corinto, famosa por sus bronces, y la feroz Mesene, Patras y la humilde Cleonas, Pilos, donde gobernaba Neleo, y Trecén, donde aún no gobernaba Piteo, y todas las demás ciudades que separa el istmo entre los dos mares, y aquéllas de la costa exterior, que se divisan desde el istmo entre los dos mares. ¿Quién podría creerlo? Sólo tú faltaste, Atenas. La guerra te impidió cumplir con ese deber, pues bárbaras tropas llegadas del mar sembraban el terror ante las murallas mopsopias. Tereo el tracio te auxilió con sus tropas desbaratando al enemigo, y con su victoria adquirió gran renombre. Era un hombre poderoso por sus riquezas y sus hombres, y casualmente descendía de la estirpe del gran Gradivo[36]. Pandión[37] se emparentó con él, entregándole en matrimonio a su hija Progne. Pero ni Juno, que preside los matrimonios, ni Himeneo[38], ni ninguna de las Gracias[39] estuvieron presentes en las nupcias: las Euménides[40] llevaron las antorchas, tomadas de un funeral; las Euménides prepararon el lecho, y un siniestro búho descendió sobre el tejado, posándose justo encima del tálamo. Bajo estos auspicios se casaron Tereo y Progne, y bajo estos auspicios fueron padres. Por supuesto, toda Tracia se congratuló con ellos, y ellos mismos dieron gracias a los dioses y declararon festivo el día en que la hija de Pandión había sido entregada al ilustre rey, y el día en que había nacido Itis. ¡Hasta ese punto desconocemos el verdadero valor de las cosas!